¿Existe el perdón
o es solo una palabra?
¿Existe la acción de perdonar
o es solo un verbo?
Un bálsamo para la culpa,
una excusa para seguir queriéndote,
el típex que oculta el cadáver
…pero no la muerte.
“Perdono pero no olvido”
siempre me pareció una frase contradictoria.
¿Puede ganar el perdón
un juicio contra la memoria?
Los oscuros pasadizos de la mía
traen tu daño a mi puerta,
me lo sirven humeante
en bandeja de espinas
y huele a recién hecho.
Perdóname por no perdonarte.
Perdóname por no olvidar.
¿Qué perdón que merezca su nombre
no debería llevar implícito el olvido de la falta?
¿En qué parte de la memoria
debo hacer el torniquete
para que no se desangre el recuerdo?
¿Qué clase de perdón puedo ofrecerte?
Si todavía me escuecen tus dientes.
Si todavía me late el veneno.
Ningún juez me acusaría
por acumular recuerdos,
pero,
hecha la ley, hecha la trampa:
“Se le declara culpable
por exceso de dureza en el corazón”,
y contra el mismo golpeó el mazo
y solo sonaron cristales rotos.
–¡Rencorosa!, gritaron en la sala
los “nobles de corazón”.
–¡Desmemoriados!, les respondí.
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