sábado, 12 de diciembre de 2020

EL PODER DE LOS GATITOS

Vuelves, llamas a mi puerta y

 …no es que no tenga corazón.


Verás:

si fueras un gatito que vuelve a casa arrepentido

después perderse un tiempo por los tejados,

si fueras un gatito de mirada redonda y suplicante,

de esas capaces de parar guerras,

te mostraría un segundo mi ceño fruncido

y sin pensarlo dos veces

 te invitaría a entrar, de nuevo, en mi vida.


Te serviría un tazón de leche caliente,

y al saberte satisfecho

te acogería en mi regazo

para acabar de curarte el frío.


Te llenaría de besos con cuidado y ternura,

feliz de disfrutar tu ronroneo,

y frotaría mi nariz contra tu hocico curioso,

agradecida porque vuelvas a elegirme.


Gatito malo–te diría–, 

cuánto te he echado de menos.

Lástima que no seas un gatito, así que:

ahí te quedas.



No hay comentarios:

Publicar un comentario