Vuelves, llamas a mi puerta y
…no es que no tenga corazón.
Verás:
si fueras un gatito que vuelve a casa arrepentido
después perderse un tiempo por los tejados,
si fueras un gatito de mirada redonda y suplicante,
de esas capaces de parar guerras,
te mostraría un segundo mi ceño fruncido
y sin pensarlo dos veces
te invitaría a entrar, de nuevo, en mi vida.
Te serviría un tazón de leche caliente,
y al saberte satisfecho
te acogería en mi regazo
para acabar de curarte el frío.
Te llenaría de besos con cuidado y ternura,
feliz de disfrutar tu ronroneo,
y frotaría mi nariz contra tu hocico curioso,
agradecida porque vuelvas a elegirme.
Gatito malo–te diría–,
cuánto te he echado de menos.
…
Lástima que no seas un gatito, así que:
ahí te quedas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario