Cuando me contabas todas tus mierdas
yo también estaba rota
–tal vez en demasiados pedazos
para que pudieras darte cuenta–.
Cuando tu tristeza siempre hacía pódium
antes de escucharse el disparo de salida
y te proclamabas ombligo del mundo
porque no había otro mar
que ahogara más que el tuyo,
cuando te sujetaba el pelo
mientras vomitabas toda tu pena,
yo también estaba rota.
Cuando de mi consejo hacías
otro nudo para apretar tu soga
–que todavía no tengo claro
a cual de las dos ahorcaba más–,
cuando no te parecía suficiente
que a pesar de mis llagas
lamiera tu angustia
como una gata estúpida
intentando revivirte,
yo también estaba rota.
Cuando desinflabas
cualquiera de mis intentos
por respirar,
y a una tarde de cervezas
le borrabas toda la espuma
porque no debía haber nada que
que rebosara más que tú,
cuando le ponías pegas al sol
por interrumpir tu lluvia,
yo también estaba rota.
Pero claro, era yo,
y tú no concibes otro yo que no seas tú.
Dices que me he distanciado.
Yo lo llamo: supervivencia.
Ahora solo cuento mis pedazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario