Cada día me dedico
a buscar espacios limpios de ruido
donde poder escuchar tu voz,
que se está quedando en los huesos
desde que no me hablas,
y ya es apenas un murmullo
que podría confundirse
entre el viento y el vuelo de un pájaro.
Debí mirar en tu futuro el día que te conocí,
como quien se adelanta a las páginas de un libro
–solo allí las dudas se convierten en certezas,
porque el futuro no miente–.
Debí entonces buscar en cada rincón,
detrás de todas tus puertas
y en el fondo de tus ojos,
hasta no hallar ni rastro de tu voz
pronunciando mi nombre.
Debí mirar tu boca,
llena de otra boca que no era la mía,
debí mirar mis manos…donde ya no estabas.
Pero…¿cómo diriges la mirada hacia otro tiempo
cuando solo deseas detener este?,
¿cómo iba ni siquiera a pestañear
y perderme un segundo de tu sonrisa?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario