Te quiero cuando eres dulce y resultas fácil
y tu paso cabe en mi paso y el camino es llano,
y aunque me enfade, te quiero también contrario,
imposible y terco,
como el viento a la espalda revolviéndome el pelo.
Te quiero cuando eres tiempo y te gastas para mí, sin prisa,
como el fuego lento y las caricias de después,
y cuando te avivas y despliegas tus alas y reclamas tu cielo,
cuando te vuelves nube y te escapas entre mis dedos,
aunque me enfade, no cambia nada,
te quiero igual.
Pero si alguna vez consigo, con la excusa de mi enfado:
lograr que tu vuelo frene,
si llego a invadir tu cielo
y me proclamo dueña de todos tus segundos,
si consiguiera, tal vez,
hacer de mi palabra tu credo,
o fuera capaz de domar tu voz,
entonces, amor, te pido:
deja de quererme tú.
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