sábado, 12 de diciembre de 2020

BALA PERDIDA

Sucede así:

llega un día en el que ya no duele,

el mismo disparo de siempre

atraviesa el mismo orificio de siempre,

y la holgura entre el hueco y la bala

ya no permite el roce,

ni el impacto,

ni la rotura de arteria.

Las manos se sorprenden

por la ausencia de sangre,

y a lo lejos,

se escucha el silbido

de una bala libre.


Tan libre

… como tú.


Y entonces sonríes

y extiendes los brazos:

–dispárame en el pecho,

que soy inmortal.


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