Hoy es un día cualquiera
de una semana cualquiera,
y solo importa el lugar.
Cada rincón de esta casa
huele a palomitas,
y a tú conmigo para siempre,
y a yo contigo hasta el fin del mundo.
Tenemos un techo, un sofá,
y el último capítulo
de nuestra última serie favorita
–Que nadie se atreva a llamar
rutina a este puto trébol de cuatro hojas–.
Dentro de esta habitación
toda la incertidumbre se concentra
en el final de una ficción.
En el mundo real la certeza duerme
con la misma paz de un cachorro
que se sabe a salvo:
yo te quiero, tú me quieres,
y dos margaritas celebran su indulto.
Nos miramos y no hace falta hablar,
hemos aprendido a leernos la sonrisa:
sí, mi amor,
si ahí fuera estallara una guerra,
si este día cualquiera
de una semana cualquiera
fuese el último de nuestras vidas,
nos encontraría justo
en el lugar exacto donde queremos estar.
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