Qué difícil llorarte,
abrir compuertas y vaciar esta pena.
Qué difícil manejar la rabia
que ahora vence a mi tristeza,
que aprieta con fuerza mi garganta
y afianza un nudo que no te suelta.
Qué difícil extender los brazos,
comprobar que tu ausencia será inabarcable,
despedirme y hacerte recuerdo
–como si fuera sencillo moldearte a ti
y convertirte en otra cosa que no seas tú,
tú que eras tan tú, tan como nadie–.
Qué difícil resulta nombrarte,
referirme a ti sin futuros,
asumir tus espacios vacíos,
girarme y no verte.
Recoger mis pedazos,
parecer entera,
para no preocupar a mi madre,
también rota.
No hay comentarios:
Publicar un comentario