Echarte de menos es:
una herida abierta,
un letrero de sal en mis ojos que grita:
“Hay lágrimas de oferta”.
Es quererte decir…
y estrellarme en el muro de la cobardía,
despertar con la ausencia
de tus “buenos días”.
Es un beso que llora en un tren
con destino a ninguna parte,
es sentirte quemando en mi piel
y no poder tocarte.
Echarte de menos es:
recordar el recuerdo
hasta que se haya arrugado,
un “ te quiero” sin patria,
triste y desubicado.
Es soñarte volver
y contar como un preso los días,
y morirme en el verso final
de una poesía.
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