¿Y qué esperabas?
Te dije que había vida después de ti
y no me creíste.
Has necesitado hacerme la autopsia
para asegurarte de que mi último suspiro
dejó en mis labios el rastro de tu nombre.
Que mis tejidos conservan,
todavía intacto,
el escozor de la ausencia de tus caricias.
Que dentro de mis ojos
guardo el paisaje que era tu boca
–donde tantas veces me ahogué nadando
en mis noches de insomnio–.
Que todavía me quedan en las uñas
restos de los versos que arañé en tu espalda.
Y que no mentía cuando te dije
que tu adiós me dejó clavado
el invierno en los huesos.
Pero que putada, ¿verdad?,
cuando me has abierto el pecho
y te has encontrado
con tu propio cadáver.
Has traído flores a una tumba
que hace tiempo que no te llora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario