No te vas.
He intentado silenciarte en mis poemas,
y me he llenado las manos de flores
para escribirle a la primavera,
y de repente todo se ha cubierto
de colores que rimaban con tu boca.
No te vas,
porque estás en mí.
Un día tendré que sacarte de mi pecho,
descoser mis versos de tu espalda,
soltar mi mano de tu ausencia
y dejarme caer sobre una nube de sueños rotos.
Pero antes, amor,
antes tendré que dejar de quererte,
o de respirar,
que desde que te conozco
me parecen el mismo verbo.
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