Me cuesta respirar desde aquel portazo,
con el temblor algo debió desencajarse dentro mí.
Dicen que los nudos de la garganta
se deshacen a base de lágrimas,
y yo las he probado todas,
y nada…
Escupo y vomito versos para sacarte de mi pecho,
reabro la herida con el filo de la noche
y te sangro en un folio en blanco
–al fin y al cabo eres tú
lo que me corre por las penas–,
pero nada…
Olvidarte es la utopía de las utopías:
suicidarse siendo inmortal.
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