Soy de las que intuye la caída,
de las que presume
de un sexto sentido que funciona
a seis heridas de distancia,
pero cuando suena la alarma
se queda dormida.
Soy mi propia trampa,
la oposición a mi instinto,
la ceguera requerida
ante cualquier acto de fe.
Soy la tierra de las segundas oportunidades,
donde solo crece mi perdida de tiempo.
Huelo a tres calles
a mi propio miedo,
avisándome del avispero
que esconde tu alma,
reconociendo la piedra,
señalando el abismo
en el que ya estuve.
Y entonces salto,
porque yo…
yo nunca dejo para mañana
lo que pueda matarme hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario