Lo llamamos “empezar de cero”,
y lo intentamos, sí,
como si fuéramos nuevos y sin rasguños,
como si fuéramos los mismos
y no se nos hubiera llenado la piel de escamas
después de tanto naufragio.
Empezamos a besarnos más,
sin ningún motivo y también por todos,
tratando de encontrar la chispa,
la aguja en el pajar...el tiempo perdido.
Si las paredes hablaran nos habrían reclamado
la ausencia de temblor en cada beso.
Lo llamamos empezar de cero,
y de cero:
solo se empieza una vez.
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