Los relojes no apostaron
por lo nuestro ni un solo segundo
–y no me extraña–.
Se veía venir a una vida de distancia,
porque de ciegos: nada.
Un spoiler en cartelera.
Un libro abierto
y por la última página.
La realidad cantando bajo la lluvia
y nosotros escuchando la puesta de sol.
Dos idiotas
haciendo equilibrios
sobre la única posibilidad de caerse.
Y menuda hostia.
Pero que nos quiten lo soñado,
que no hay calada sin humo
y mi pelo va a estar oliendo a tu risa
hasta la próxima primavera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario