Siento una mezcla de tristeza y asco
al verte sentada esperando un milagro
–mientras cien cuervos
se posan sobre tu nariz–.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
Una mentira.
¿No te das cuenta?
Por más que repitas una mentira
no se acaba convirtiendo en una verdad.
Te verás sola otra vez
y culparás a los cuervos.
Siendo tú, precisamente:
el pájaro de mal agüero.
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