Hay días en los que todo pesa más.
Todo pesa el doble.
Todo pesa un mundo.
El aire se vuelve denso
y cada hora chirría
al rozar su minuto sesenta.
Hay días en los que no hay motivos,
y los zapatos duelen
antes de atarse los cordones.
Y las alas no vuelan,
y me resumo en nada,
y una mota de polvo me hace sombra.
Hay días así,
llámalos Lunes,
llámalos Martes,
llámalos Infierno.
Hay días
de los que solo puedes esperar:
que acaben.
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