Dejar que el azar decida por ti
siempre me pareció un acto cobarde,
una salida fácil, y la excusa perfecta,
para echar la culpa, a tu propia culpa
Yo no soy valiente...
Lancé una moneda al aire
y la contemplé jugándose mi vida,
dando vueltas de campana a mis dudas,
para resolverlas por puro accidente
Deseando, que tú volvieses a ser mi cruz,
porque estos hombros te prefieren a ti
y toda la colisión que supones,
a cargar con el peso de esta ausencia,
que no logro aliviar, ni en un millón de versos
siempre me pareció un acto cobarde,
una salida fácil, y la excusa perfecta,
para echar la culpa, a tu propia culpa
Yo no soy valiente...
Lancé una moneda al aire
y la contemplé jugándose mi vida,
dando vueltas de campana a mis dudas,
para resolverlas por puro accidente
Deseando, que tú volvieses a ser mi cruz,
porque estos hombros te prefieren a ti
y toda la colisión que supones,
a cargar con el peso de esta ausencia,
que no logro aliviar, ni en un millón de versos
La moneda me dijo a la cara
que no dormías en mi destino
Pero,
cómo dejar estas ganas de arderte
a manos de un frío metal?
que no dormías en mi destino
Pero,
cómo dejar estas ganas de arderte
a manos de un frío metal?
Di la vuelta a la moneda entonces,
haciéndola caer en mi trampa...
–Ahora si–, me dije,
porque el destino es algo
que uno mismo debe fabricar
y yo a ti,
quiero hacerte
(De todo)
haciéndola caer en mi trampa...
–Ahora si–, me dije,
porque el destino es algo
que uno mismo debe fabricar
y yo a ti,
quiero hacerte
(De todo)
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