Puede que fuese el de aquella mañana
un cielo lleno de azules,
puede que niños en pantalón corto
jugaran a la felicidad en la calle,
y que cuando en las noticias
hablaban de “la operación salida”,
no se refiriesen a la tuya
–de mi corazón–.
Puede que fuese verano,
pero yo sólo recuerdo el frío
inundando mi garganta,
abriéndose paso hacia mi pecho,
y allí,
el sonido de la nieve
cubriéndolo todo de silencio,
hasta hacer intransitable
cualquier camino que te llamara destino.
Mi boca,
devolviendo a tu sonrisa
una mueca compasiva,
y el deshielo en mis ojos
al mirarte y sentir…
que ya no eras mi sitio.
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