Entras en mi vida,
y parece que el viento no existiera antes de ti,
ni las flores bordando a versos las primaveras,
ni mis latidos, cargados de razones
–si la razón no eras tú–.
No sé que tienes,
y supongo que esa es
la mejor forma de describirte.
Sólo sé, que me hablas,
y se despierta mi piel,
tu voz es un copo de nieve
deslizándose en mi espalda.
Que tus ojos,
me pesan más que el invierno,
y se me quedan las manos sin fuerza
al sostener tu mirada.
Y que sonríes,
y la micra de cordura que aun conservo,
me grita que salga huyendo
en cualquier dirección que no te encuentre,
para que no me pierda…
Pero ya es tarde,
cuando a mi prisa le entran unas ganas locas
de besarte lento
…muy lento…
para que no te acabes.
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